La discusión en torno al proyecto de ley que impulsa la mezcla de etanol en los combustibles en Panamá sigue generando posturas encontradas en la Asamblea Nacional, especialmente por su carácter obligatorio y sus posibles efectos en el consumidor y la industria.
Detalló que las importaciones servirían principalmente para complementar la demanda en caso de que la producción local no alcance el porcentaje requerido y para ayudar a estabilizar precios en una fase inicial del proyecto. “No hay incentivo para importar por parte de los productores de etanol; la importación es un mecanismo de apoyo mientras se desarrolla la capacidad nacional”, indicó.
Capacidad de producción local de etanol
Thayer reconoció que al inicio no se alcanzará el 100% del abastecimiento, pero que este irá creciendo progresivamente hasta llegar al 10%, en paralelo al aumento del consumo de combustibles en el país.
Uno de los puntos más discutidos ha sido la obligatoriedad del uso de etanol. Frente a críticas que señalan posibles afectaciones a la libre competencia o incluso cuestionamientos de constitucionalidad, Thayer defendió que el mandato es clave para viabilizar el proyecto.
A su juicio, sin una obligación clara, las estaciones de combustible no tendrían incentivos suficientes para realizar las inversiones necesarias. Además, explicó que el modelo no implica cambios estructurales complejos en las estaciones, sino ajustes técnicos como verificar la hermeticidad de los sistemas existentes.
Preocupación sobre el impacto en los vehículos de los biocombustibles
Thayer aseguró que el parque vehicular panameño está preparado para recibir mezclas con 10% de etanol (E10), y recordó que en 2013 ya se implementó un programa similar sin efectos negativos reportados de manera generalizada.
Sobre los vehículos antiguos, señaló que podrían requerir mantenimiento más frecuente, pero no representarían un problema estructural. En esos casos, el etanol podría incluso actuar como agente limpiador del sistema de combustión.
Impacto en el bolsillo del consumidor
Thayer sostuvo que no debería haber incrementos en el gasto, ya que el etanol puede mejorar la eficiencia del motor y la mezcla de combustibles incluiría una gasolina base con menor costo. También explicó que el combustible final tendría ajustes en su octanaje para adaptarse a la mezcla.
Respecto al rendimiento, indicó que las estimaciones técnicas sugieren una variación entre 1% y 2%, menor a algunos cuestionamientos planteados en el debate público. Sin embargo, insistió en que factores como la limpieza del motor y la calidad del combustible pueden compensar esa diferencia.
Finalmente, Thayer destacó que este tipo de programas no son nuevos a nivel internacional y que más de 60 países han adoptado esquemas similares. Citó como ejemplo a Brasil, que continúa elevando progresivamente sus niveles de mezcla de etanol en función de sus necesidades energéticas.
El debate legislativo continúa abierto, con posiciones divididas entre quienes ven en el proyecto una oportunidad para diversificar la matriz energética y quienes cuestionan su obligatoriedad y posibles efectos económicos y jurídicos.



