La exfiscal del Ministerio Público, Maruquel Castroverde, desmonta la idea de que elevar las penas resolverá la violencia extrema contra las mujeres en Panamá. En una radiografía cruda y necesaria del momento que vive el país, alerta que lo que estamos viendo no es solo un repunte, sino expresiones cada vez más crueles de agresión.
Penas más altas no mitigan los homicidios
“Las penas no contienen esta violencia”, recalca. Aunque Panamá ya maneja condenas de hasta 50 años que además se reducen con estudios, trabajo o programas dentro del penal, la exfiscal sostiene que aumentar los castigos no ha demostrado efectividad en países con penas incluso más severas, como Argentina, Chile o Colombia.
Y va más allá: pone sobre la mesa una contradicción que la legislación panameña arrastra hoy. “Violar a una mujer son 25 años; matarla también son 25. Algo allí no hace sentido”, advierte, señalando que estas fallas son resultado de decisiones legislativas que parecen más orientadas al rédito político que a la protección real.
Propuesta de prisión perpetua
Castroverde también cuestiona la idea de prisión perpetua para frenar la violencia de género, recordando que el sistema penitenciario actual no tiene la capacidad para sostener una medida así. Expone un caso de Bocas del Toro una turista asesinada por un joven de 17 años para ilustrar cómo las sanciones y la justicia adolescentes añaden otra capa de complejidad que no se resuelve con castigos más altos.
Para ella, el debate debe ir a la raíz: educación, prevención y un sistema que realmente actúe antes de que la violencia escale. “No podemos seguir atacando un problema tan profundo con soluciones que solo suenan bien en campaña”, afirma. Y remata con una crítica directa al modelo político actual: propuestas de ley que se venden como “mano dura”, pero que no construyen soluciones reales en un país donde incluso la calidad educativa empuja a las familias a buscar alternativas privadas.
En un contexto donde los femicidios y homicidios atroces sacuden a la opinión pública con demasiada frecuencia, la exfiscal lanza un mensaje incómodo, pero urgente: Panamá no necesita más años de cárcel, necesita un sistema que funcione antes de que la violencia llegue al extremo.