Los tiempos han cambiado y con ello el costo de los servicios que golpean a una población que intenta salir adelante por sus propios esfuerzos: la clase media en Panamá, sin embargo, parecieran tener sus días contados. El economista Carlos Araúz hizo un análisis en Conexión Financiera sobre la realidad que viven muchas personas en el día a día. Contó que un día normal salió a comer un barquillo con sus hijos y termino pagando una factura de $12.75 por sólo 3 barquillos.
Este escenario se complica cuando las escuelas y las clínicas privadas se convierten en obligaciones de vida porque ni la salud, ni la educación ayudan a en el avance hacia un nuevo escalafón social.
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Según Araúz, el nivel de subsidios que han venido distorsionando la vida en el Dubái de las Américas combinado con la pobre calidad de educación y servicios de salud que se reciben cotidianamente, han creado un paralelismo cotidiano dantesco entre lo que es y lo que debería ser.
"Desde que nos levantamos, algún tipo de intervención estatal ayuda a que el panameño pague menos o visto de otra manera, el salario que debería recibir o devengar no alcanza", explicó.
Por ende: el gas con el que se prepara el desayuno cuesta $11 menos que lo que debería, la electricidad es cargada por el Estado, así como el transporte en Metro que debería ser de $1 al menos. A estos se suman los subsidios de la gasolina, alimentos, entre otros.
Según Araúz en los tiempos actuales, el ahorro no es una opción salvo que sea algo específico tipo navidad o un viaje.
Históricamente, la clase media de un país siempre carga con el peso de la imposición fiscal porque no tiene las asesorías sofisticadas para encontrar eficiencias, ni tampoco puede deducir gastos varios porque todo se deduce en la fuente o en el salario.
Al respecto, Araúz indicó que los compromisos por el bienestar del ciudadano deben ser de largo plazo con plena intención de detener a toda costa la desaparición de la clase media.
En cambio, de no ser así es evidente el deterioro y no se logrará el nivel de igualdad que algunos profesan como el bueno y el sano: "ese nivel de igualdad en el que todos estamos fregados".




