Panamá avanza hacia una economía cada vez más digital, impulsada por la conectividad, la modernización de los servicios y el creciente interés empresarial por la inteligencia artificial (IA). Sin embargo, la adopción de esta tecnología no debe verse únicamente como una inversión en software o herramientas digitales, sino como una decisión estratégica que requiere una infraestructura tecnológica robusta, segura y resiliente.
La preocupación cobra aún más relevancia en un mercado que ya enfrenta importantes desafíos. Según Mastercard, en su reporte sobre digitalización y ciberseguridad en Panamá, los ciberataques semanales contra organizaciones panameñas aumentaron un 97 %, hasta alcanzar un promedio de 1,978 ataques por entidad.
Hablar de inteligencia artificial sin hablar de infraestructura es quedarse únicamente en la superficie. La IA depende de datos confiables, redes de alto desempeño, sistemas disponibles, almacenamiento robusto, monitoreo continuo, respaldo, recuperación y una adecuada gobernanza de la información. Cuando esa base tecnológica es insuficiente, la inteligencia artificial no solo pierde efectividad, sino que también puede amplificar debilidades existentes, como problemas en la calidad de los datos, brechas de seguridad, puntos ciegos operativos o un mayor impacto ante interrupciones del servicio.
Los resultados del Cisco AI Readiness Index respaldan esta realidad. El estudio señala que solo el 15 % de las organizaciones cuenta con redes completamente preparadas para soportar iniciativas de IA, mientras apenas el 19 % dispone de datos plenamente centralizados. Asimismo, únicamente el 30 % de las organizaciones ha implementado cifrado de extremo a extremo y monitoreo continuo, una cifra que aumenta al 84 % entre las empresas con mayor nivel de preparación.
Inversión mundial
La presión sobre la infraestructura tecnológica seguirá aumentando durante los próximos años. De acuerdo con el análisis El coste de la computación: una carrera de 7 billones de dólares para ampliar los centros de datos, para 2030 la inversión mundial requerida en centros de datos alcanzaría los US$6.7 billones, de los cuales aproximadamente US$5.2 billones estarían destinados a atender cargas de trabajo relacionadas con inteligencia artificial.
Este escenario convierte la resiliencia tecnológica en un factor estratégico para la continuidad del negocio. En la era de la inteligencia artificial, una interrupción de la infraestructura puede afectar la operación, las ventas, la atención al cliente, el cumplimiento normativo, el análisis de información y la capacidad de tomar decisiones oportunas. No es casualidad que incluso infraestructuras críticas del país estén reforzando esta visión. En febrero de 2025, la Autoridad del Canal de Panamá y el U.S. Southern Command anunciaron una cooperación para fortalecer la ciberseguridad y la continuidad operativa de infraestructura crítica frente a amenazas emergentes.
Potencial de la IA
Desde SPC Internacional destacan que preparar una organización para aprovechar el potencial de la inteligencia artificial implica fortalecer mucho más que las aplicaciones. Requiere integrar ciberseguridad, conectividad, centros de datos, nube, respaldo, protección de datos, continuidad operativa y gestión tecnológica bajo una estrategia unificada que garantice disponibilidad, resiliencia y capacidad de respuesta ante escenarios cada vez más complejos.
“En Panamá, la transformación digital avanza en sectores cada vez más sensibles para la economía, como banca, logística, comercio, servicios y operación empresarial. Por eso, la conversación sobre inteligencia artificial debe ir acompañada de una visión clara de continuidad, protección de datos y resiliencia. La infraestructura tecnológica no es un soporte secundario; es la base que permite que la innovación funcione sin poner en riesgo la operación”, señaló Carlos Metre, Country Manager de SPC Internacional Panamá.
El futuro digital de Panamá dependerá de la capacidad de sus organizaciones para construir infraestructuras seguras, escalables y preparadas para operar bajo presión. En un contexto donde la inteligencia artificial se consolida como un factor determinante para la competitividad, las empresas que fortalezcan su base tecnológica estarán en mejores condiciones para innovar, proteger sus datos y responder con éxito a las exigencias de una economía digital en constante evolución.




