El exdiputado Javier Ortega no se guardó nada al describir la crisis interna del PRD. Según él, el colectivo vive bajo una “dictadura interna” ejercida por una sola figura que concentra el poder, condiciona decisiones y mantiene al partido en un descalabro del que, asegura, muchos ya están intentando escapar.
Aunque evita decir nombres, deja claro a quién se refiere: Benicio Robinson. Sostiene que dentro del PRD “se hace lo que el jefe dice” y compara la obediencia interna con los tres monitos y con un flautista que arrastra a sus seguidores “como ratoncitos”, una metáfora que, dice, refleja el nivel de control que existe.
Para Ortega, el problema va mucho más allá de liderazgos fuertes. Asegura que el partido perdió su esencia torrijista y cayó en el clientelismo, cerrando espacios para nuevas generaciones y permitiendo prácticas como reservas de candidaturas, imposiciones y la creación de corregimientos “sin aplicar las reglas”. Todo eso, sostiene, ha alimentado el rechazo ciudadano: “La gente no está contra el PRD, está contra quien lo dirige”.
El exdiputado advierte que 300 personas decidirán el futuro del partido el próximo domingo, mientras figuras valiosas llegan a la contienda “con las manos amarradas”. También critica que diputados tengan ventaja en la estructura y pide reformar los estatutos para evitar que una facción controle el Comité Ejecutivo.
Aun así, Ortega dice que su lucha es quedarse dentro para recuperar la esencia original del colectivo: “Yo no me voy a salir del PRD ni se lo voy a regalar a nadie. Quiero devolvérselo a Omar Torrijos”.