El exdirector de la PTJ, Jaime Abad, asegura que la captura de Nicolás Maduro marca un punto de quiebre histórico no solo para Venezuela, sino para toda la región. Abad sostiene que lo ocurrido “beneficia a América Latina” al cortar el financiamiento que, según afirma, alimentaba movimientos desestabilizadores en varios países.
El fin del “músculo financiero” del chavismo
Según Abad, el petróleo venezolano fue utilizado durante años para financiar movimientos de izquierda radical en América Latina, incluyendo acciones que generaron caos social y político en Panamá. “Esa fuente se cortó”, afirma, y considera que eso abre la puerta a un escenario de mayor estabilidad regional.
¿Transición democrática con los mismos actores?
El exdirector de la PTJ advierte que la transición en Venezuela enfrenta un dilema clave: gran parte del aparato estatal sigue en manos de figuras cercanas al chavismo, como Delcy Rodríguez, ahora presidenta encargada, y su hermano, al frente de la Asamblea Nacional.
Para Abad, el mundo espera que estos actores cooperen, no por convicción democrática, sino por supervivencia política: si no lo hacen, podrían terminar como su antiguo líder, enfrentando a la justicia internacional.
Venezuela no es Panamá
Abad marca distancia entre la operación en Venezuela y la invasión estadounidense a Panamá en 1989. Explica que Panamá era un país pequeño, con bases militares estadounidenses que garantizaban control y seguridad. Venezuela, en cambio, es un país mucho más grande, sin bases norteamericanas, con un aparato militar poderoso y con presencia según denuncia de agentes cubanos y grupos extremistas internacionales.
Por eso, sostiene que Estados Unidos optó por una estrategia distinta: trabajar con sectores del aparato militar-policial existente para facilitar una transición gradual y evitar un colapso violento.
El riesgo para González y Machado
Abad es contundente al afirmar que no existían condiciones reales para que Edmundo González y María Corina Machado asumieran inmediatamente el poder. A su juicio, hacerlo habría significado un alto riesgo de golpe de Estado o incluso de atentados contra sus vidas.
“La justicia es el fin superior de toda sociedad”, afirma Abad, quien reconoce el choque entre el derecho internacional y el sufrimiento de un pueblo. Para él, cuando una dictadura secuestra a su nación, la justicia termina imponiéndose, incluso si eso implica decisiones excepcionales.
Un llamado a la prudencia
Finalmente, Abad recomienda una transición pausada pero firme. “Vísteme despacio que voy de prisa”, cita, al advertir que el proceso debe priorizar la seguridad, el orden y la paz para lograr una recuperación democrática real en Venezuela.



