El 2026 comenzó con un giro clave en el escenario geopolítico. La captura de Nicolás Maduro por parte del gobierno de Estados Unidos no solo sacudió a Venezuela, sino que reabrió un debate incómodo: ¿hasta dónde llega el derecho internacional cuando un régimen lleva más de dos décadas violando derechos humanos?
Desde su análisis, la soberanía popular no solo se vulnera desde fuera. En América Latina advierte ha sido pisoteada muchas veces por los propios gobiernos, una experiencia que Panamá conoce bien tras 21 años de dictadura militar.
Linares reconoce que la tarea no está completa. La estructura chavista política, militar y criminal sigue presente, con actores como guerrillas, colectivos armados, narcotráfico y redes internacionales. Sin embargo, sostiene que por primera vez en años el pueblo venezolano percibe una salida real. Las manifestaciones de alegría dentro y fuera del país, dice, no son casualidad.
OEA y ONU bajo la lupa: comunicados largos, resultados cortos
El abogado es especialmente crítico con el rol de los organismos multilaterales. Para él, tanto la OEA como Naciones Unidas han demostrado una ineficacia reiterada frente a las dictaduras de la región, reducidas hoy a burocracias que emiten comunicados largos que no cambian nada. Venezuela, Panamá, Haití, Nicaragua, Granada y las Malvinas son a su juicio ejemplos claros de ese fracaso.
¿Transición inmediata o caos asegurado?
Sobre la transición, Linares considera que imponer de inmediato a liderazgos opositores como María Corina Machado o Edmundo González Urrutia habría sido un error grave. Sin el desmantelamiento previo del aparato chavista, afirma, el riesgo de violencia interna sería altísimo.
El efecto dominó: Venezuela, Cuba y Nicaragua
En su lectura regional, la caída de Maduro tendría un efecto dominó. Cuba, dependiente durante años del petróleo venezolano, enfrenta una crisis profunda que podría acelerar el fin del castrismo. Nicaragua, bajo el régimen de Daniel Ortega, también estaría entrando en su etapa final. Incluso Irán aparece en el radar, con protestas internas que los medios internacionales apenas cubren.
Linares descarta que una invasión militar al estilo Panamá hubiera sido la mejor opción: habría implicado más muertes, mayor inestabilidad y el riesgo de convertir a Venezuela en un nuevo Irak o Afganistán. Por eso valora una estrategia orientada a la estabilidad, aunque implique negociaciones incómodas con figuras del propio régimen.
¿Luz al final del túnel para América Latina?
Finalmente, el abogado sostiene que, aunque el debate ético sobre los medios es válido, hay momentos históricos en los que el fondo pesa más que la forma. Si Venezuela recupera su democracia junto a Cuba y Nicaragua, América Latina podría estar ante un punto de quiebre histórico: un continente, por fin, sin dictaduras.



