El presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, a sus casi 81 años, ha decidido cambiar su estrategia de comunicación y convertirse en protagonista de videos y selfis para movilizar a sus seguidores, en un intento por fortalecer su candidatura frente al conservador Flávio Bolsonaro en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil.
Tras quedar detrás de Bolsonaro en la primera vuelta, Lula comenzó a publicar videos con mayor frecuencia y recibió asesoramiento de jóvenes diputados familiarizados con las plataformas digitales.
La estrategia busca proyectar una imagen de cercanía y vitalidad, mientras intenta convencer al electorado de que conserva la energía y la experiencia necesarias para gobernar el país más grande de América Latina durante un cuarto mandato.
Lula apuesta por las redes sociales para enfrentar a Flávio Bolsonaro
El giro digital de Lula evidencia una adaptación a las nuevas formas de comunicación política en Brasil, un país altamente conectado y profundamente polarizado.
El mandatario busca contrarrestar la influencia de la derecha en las redes sociales y llegar a los votantes mediante contenidos más directos, personales y cotidianos.
Los videos en los que aparece haciendo ejercicio forman parte de esta estrategia para demostrar que mantiene una buena condición física, pese a su edad y a los problemas de salud que ha enfrentado.
Lula asegura sentirse en mejor forma que nunca. Su esposa, Rosângela da Silva, conocida como Janja, también ha sido una figura importante en su vida personal y política, aunque su presencia durante la campaña ha generado críticas.
De obrero metalúrgico a presidente de Brasil
La trayectoria de Lula es una de las más conocidas de la política latinoamericana. Nació el 27 de octubre de 1945 en una familia campesina pobre de Pernambuco, en el nordeste brasileño.
Su familia se trasladó a la región industrial de São Paulo en busca de mejores oportunidades. Desde los 14 años trabajó como obrero y perdió un dedo en un accidente laboral.
Posteriormente, se convirtió en dirigente sindical y encabezó importantes huelgas a finales de la década de 1970, durante la dictadura militar brasileña.
Después de tres intentos fallidos de llegar a la Presidencia, Lula asumió el poder en 2003. Fue reelegido en 2006 y terminó sus dos primeros mandatos con elevados índices de popularidad, impulsado por programas sociales y el crecimiento económico asociado al auge de las materias primas.
Su figura también adquirió relevancia internacional por su defensa del multilateralismo y su papel como representante del Sur Global. Sin embargo, sus vínculos con gobiernos autoritarios de izquierda también le generaron cuestionamientos.
Bolsa Família, corrupción y el desgaste político de Lula
El balance de sus anteriores gobiernos continúa siendo un elemento central de la campaña electoral.
Bolsa Família, el programa de transferencias sociales dirigido a los hogares más pobres, permanece como uno de los principales legados de Lula. No obstante, el presidente ha expresado que no quiere ser recordado únicamente por esa política pública.
En 2022, derrotó por un estrecho margen al entonces mandatario Jair Bolsonaro y regresó al Palacio de Planalto. Durante su tercer mandato, recuperó políticas sociales y promovió medidas para frenar la destrucción de la Amazonía.
Sin embargo, su gestión también ha sido cuestionada por la falta de propuestas novedosas y por el desgaste acumulado durante sus años en la política.
Otro factor que continúa persiguiéndolo es su condena por corrupción, que lo llevó a pasar 580 días en prisión entre 2018 y 2019. Las condenas fueron anuladas por decisiones judiciales relacionadas con la competencia del tribunal y la parcialidad del juez responsable del caso.
Pese a ello, sus adversarios políticos mantienen las acusaciones como parte de su discurso electoral.
Lula defiende la democracia frente a la derecha
De cara a la segunda vuelta, Lula presenta su candidatura como una defensa de la democracia frente al avance de la extrema derecha.
Flávio Bolsonaro, senador de 45 años e hijo del expresidente Jair Bolsonaro, cuestiona las motivaciones del mandatario y sostiene que su principal interés es mantenerse en el poder.
La contienda enfrenta así dos proyectos políticos distintos y pone a prueba la capacidad de Lula para conservar el respaldo de los sectores populares y convencer a nuevos votantes.
El presidente intenta demostrar que su experiencia constituye una ventaja, mientras su rival busca asociarlo con el pasado y cuestionar su capacidad para ofrecer un futuro diferente al país.
La edad de Lula, otro factor en la campaña electoral
A sus casi 81 años, Lula intenta disipar las dudas sobre su estado físico mediante videos en los que muestra sus rutinas de ejercicio y actividades cotidianas.
El mandatario atribuye parte de su vitalidad al apoyo de su esposa, Janja, de 60 años, quien también ha ocupado un lugar destacado en su estrategia política.
La edad y la trayectoria del presidente se han convertido en elementos centrales de una campaña en la que busca demostrar que todavía tiene capacidad para dirigir Brasil.
La segunda vuelta del 25 de octubre representa un momento decisivo para su futuro político. Una derrota supondría el final de su actual mandato y cerraría una etapa excepcional en la historia democrática brasileña.
Independientemente del resultado electoral, Lula ya ocupa un lugar destacado en la historia del país. Como recordó en 2024 ante medios internacionales, entre ellos la AFP, considera que su experiencia es una de sus principales fortalezas: «No hay nadie en este país con más experiencia como presidente que yo».








