El secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, salió el jueves de Oriente Medio con las que quizá eran las mayores diferencias entre Estados Unidos e Israel desde que Israel emprendió su guerra contra Hamás en Gaza el pasado octubre.
Las relaciones ente Israel y su principal aliado internacional, Estados Unidos, son tensas desde hace meses, pero el rechazo público de Netanyahu a un plan que Estados Unidos considera válido, al menos como punto de partida para nuevas negociaciones, hizo evidente la brecha.
Aun así, Blinken y otros funcionarios de Estados Unidos dijeron que seguían siendo optimistas sobre poder avanzar en sus objetivos de mejorar las condiciones humanitarias de los civiles palestinos, conseguir la liberación de rehenes en poder de Hamás, preparar la fase posterior al conflicto en Gaza e impedir que la guerra se extienda.
Miembros del gobierno atribuyeron el optimismo de Blinken a sus primeros cuatro viajes a Oriente Medio desde el 7 de octubre. Ninguna de esas visitas produjo éxitos visibles inmediatos, aunque sí mejoras limitadas pero significativas en la entrega de ayuda humanitaria y una tregua de una semana en noviembre en la que decenas de rehenes fueron liberados.
“Claramente están las cosas que envió Hamás que están absolutamente descartadas”, dijo Blinken sobre la respuesta que envió el grupo armado el martes a una propuesta de cese el fuego y liberación de rehenes apoyada el mes pasado por Egipto, Qatar, Estados Unidos y el propio Israel.
Pero poco antes de que Blinken hiciera esas declaraciones, Netanyahu arremetió directamente contra la respuesta de Hamás, que tachó de “delirante”, y prometió que Israel seguiría luchando hasta alcanzar la “victoria absoluta” sobre el grupo armado, sin importar nada más.
Para agravar el dilema de Blinken, Netanyahu también pareció restar importancia a los reparos de Estados Unidos y otros sobre una expansión de las operaciones militares israelíes en el sur de Gaza, en especial en Rafah, la zona en la frontera egipcia a la que han huido en torno a un millón de palestinos.
Netanyahu también pidió el desmantelamiento de UNRWA, la agencia de Naciones Unidas para los refugiados palestinos, que es el principal distribuidor de asistencia internacional en Gaza, debido a su supuesta hostilidad hacia Israel y las acusaciones de que una docena de sus empleados participaron en el ataque del 7 de octubre de Hamás que desencadenó la guerra.
Estados Unidos y otros países donantes han suspendido sus aportaciones a UNRWA hasta que la ONU complete una pesquisa sobre las acusaciones, aunque Blinken ha señalado que la labor de la agencia es crucial para llevar a Gaza suministros humanitarios que se necesitan con desesperación.
El diplomático pidió a Netanyahu y a otros israelíes aún conmocionados por el ataque de Hamás que no dejaran que la venganza dirigiera su respuesta al suceso.
Blinken llegó a Israel apenas unas horas después de que Hamás enviara su contraoferta al marco de acuerdo presentado el mes pasado. Esa propuesta incluye un plan en tres fases para desescalar el conflicto.
El martes en Qatar, tanto el primer ministro qatarí como Blinken dijeron que la propuesta era prometedora como punto de partida para nuevas negociaciones.
Y Blinken destacó el interés de Arabia Saudí en normalizar las relaciones con Israel, siempre que termine la guerra en Gaza y los palestinos reciban una vía clara, creíble y con plazos para alcanzar un estado independiente.
Sin embargo, Netanyahu se opone a la creación de un estado palestino y ha dicho que Israel mantendrá un control de seguridad indefinido sobre Gaza.