La puerta se abre. Una persona sale de la prisión con una bolsa en la mano y sus pocas o nulas pertenencias, algunos documentos y, en muchos casos, una mezcla de alivio, miedo e incertidumbre. La condena terminó. Pero la historia no. A la mente llegan los recuerdos de lo vivido y la ansiedad por saber ¿Qué pasará ahora?
Yanina Salazar, es parte de la población carcelaria, que cumplieron una condena y que tuvieron que sortearon toda clase de obstáculos para reincorporarse a la sociedad.
Salazar recuerda que debido a las malas compañías y su rebeldía de juventud, la llevaron al encierro. Años atrás había sido favorecida con la detención domiciliaria y reporte periódico, medida que incumplió al salir de la provincia de Chiriquí y radicarse en la ciudad capital casi un año, hasta que la contactaron para pedirle que debía enfrentarse a una nueva audiencia por violar las disposiciones cautelares.
"Yo sentí miedo de estar en prisión, de verdad, uno ve la plata fácil, los ojos te bailan, pero cuando ya tú sabes que tienes que ir a un encierro de cuatro paredes, de que va a haber limitaciones para todo, ya tú coges miedo, el que diga que no coge miedo, miente", narró.
Preparación académica tras los barrotes
Salazar dijo que pese a lo ocurrido y verse purgando una pena de seis años en el Centro Penitenciario Los Algarrobos, no desaprovechó la oportunidad para formarse. Destacó la valiosa colaboración de entidades como el Ministerio de Educación (Meduca), así como los cursos que dicta el Instituto Nacional de Aprovechamiento Humano (Inadeh), logrando obtener el título de Técnico en Informática.
"El Meduca nos abrió las puertas completas para estudiar. Además de que Inadeh, también entra y brinda cursos de soldadura. Yo, en lo personal, curso de inglés", recalcó Salazar.
Esta mujer recuerda que en el tiempo que estuvo en prisión vio a muchas de sus compañeras salir y regresar tras cometer nuevas infracciones a la justicia.
Una mano amiga en el proceso
Durante la entrevista en el programa Enfoque Crítico, Salazar también la ayuda recibida por la Fundación Jesús, Luz de Oportunidades". Fue a través de este organismo, que logró la reinserción laboral tras dos años de haber obtenido su libertad y de haberse convertido en madre.
"Soy fiel creyente de que todo pasa en el tiempo de Dios. Teniendo yo ya dos años de libertad, mi prima hermana trabaja en una empresa donde ellos siempre han tenido el vínculo con la fundación.... Ya yo aceptaba el cambio en mí, pero yo necesitaba a alguien que me diera una mano, un apoyo. Y eso fue la fundación", contó.
El sistema penitenciario panameño establece entre sus objetivos la resocialización mediante el trabajo, la educación, la capacitación y otros programas destinados a preparar a las personas privadas de libertad para reincorporarse a la sociedad.
En los últimos años, las autoridades han impulsado iniciativas como el Plan Nacional de Resocialización y el Plan Libertad, que buscan proporcionar formación, trabajo y actividades productivas dentro y fuera de los centros penitenciarios.
En 2025, el Ministerio de Gobierno reportó que más de 3,700 personas participaron en trabajos intramuros y extramuros; además, más de 1,600 culminaron estudios de premedia y bachillerato y más de 2,000 recibieron capacitación técnica.



