Dese inicio de mes inició en Panamá la esperada temporada de avistamiento de la ballena jorobada (Megaptera novaeangliae), una actividad que combina la conservación de la biodiversidad marina con el impulso al turismo sostenible en comunidades costeras del país.
Especies clave para la salud del océano
La ballena jorobada y otras especies de cetáceos, como los delfines, han sido reconocidas como de protección nacional debido a su rol vital en los ecosistemas marinos. Estas especies contribuyen a regular la cadena alimenticia y estimulan la biodiversidad al movilizar nutrientes esenciales como el hierro y el nitrógeno.
Principales sitios de avistamiento en Panamá
La costa pacífica es el principal escenario para observar a estos mamíferos marinos. Entre los puntos más destacados se encuentran:
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Pedasí (Los Santos): cerca de los Refugios de Vida Silvestre Isla Iguana y Pablo Arturo Barrios
Búcaro y Tonosí: nuevas comunidades que ofrecen tours de observación
Parque Nacional Marino Golfo de Chiriquí y Bahía de los Muertos (Boca Chica)
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Parque Nacional Coiba, Santa Catalina y el Golfo de Montijo (Veraguas)
Archipiélago de las Perlas (Panamá)
En el Caribe, el Archipiélago de Bocas del Toro, especialmente la Bahía de los Delfines, también es hábitat frecuente de cetáceos.
Las ballenas jorobadas pueden observarse dos veces al año: de diciembre a abril (población del Pacífico Norte) y de junio-julio a octubre (población del Pacífico Sur), siendo esta última la que permanece más tiempo en aguas panameñas.
Avistamiento responsable y protección legal
Para garantizar una experiencia segura tanto para los animales como para los turistas, MiAMBIENTE aplica estrictamente el código de conducta para el avistamiento de cetáceos, regulado por la Resolución No. DM-0144-2022. Esta norma establece las distancias, tiempos y comportamientos permitidos de las embarcaciones durante los avistamientos.
Además, el Proyecto de Megafauna Marina, liderado por la Dirección de Costas y Mares, realiza monitoreos constantes para identificar áreas de alto valor biológico y garantizar la protección de estas especies.
“La observación responsable fortalece el equilibrio ecológico, reduce la presión sobre recursos marinos y diversifica la economía de las comunidades costeras”, concluyó Barsallo.






