El narcotráfico se ha sofisticado, ya no solo se trata de rutas, droga y sobornos, sino de ingeniería naval, tecnología avanzada y estructuras financieras que operan entre la legalidad y la ilegalidad. Así lo advierte Juan Carlos Medrano, presidente de J&A Global Compliance.
Según Medrano, la producción de semisumergibles y sumergibles las embarcaciones utilizadas para mover drogas de manera encubierta se ha detectado principalmente en la selva colombiana y zonas fronterizas con Ecuador.
Ingenieros navales, especialistas en comunicaciones y técnicos marítimos son subcontratados para construir estos narcosubmarinos, mientras carteles reconocidos como el de Jalisco Nueva Generación y grupos irregulares colombianos coordinan la operación.
El papel de las instituciones financieras ante el narcotráfico
Medrano alerta que los bancos y financieras pueden involucrarse sin saberlo, al procesar pagos por motores, antenas, fibra de vidrio o materiales vinculados a estas embarcaciones.
El especialista apunta que la banca está acostumbrada a detectar lavado de dinero, pero no transacciones relacionadas con terrorismo o fabricación de submarinos. La línea gris entre lo legal y lo ilícito es cada vez más difícil de distinguir.
Cooperación internacional y nuevas regulaciones
Con Estados Unidos considerando a los carteles como organizaciones terroristas, la responsabilidad de las instituciones financieras ha crecido.
Por ello, las unidades de inteligencia financiera y los departamentos de cumplimiento deben estar alerta, analizar patrones sospechosos y cooperar a nivel internacional para anticiparse a operaciones ilícitas antes de que sea demasiado tarde.
Los narcosubmarinos representan más que una amenaza física; son un símbolo de la sofisticación del crimen organizado moderno, donde convergen tecnología, finanzas y redes internacionales.
Para Medrano, la clave está en entender, anticipar y educar a quienes participan en la cadena financiera y logística que, inadvertidamente, puede apoyar al crimen.