El presidente del Partido Popular, Daniel Brea, asegura que el colectivo está en un proceso de reacomodo interno tras las elecciones, pero descarta que estén “perdidos” entre ser oposición u oficialismo. Según él, la consigna es simple: no oponerse por deporte, sino esperar que el Gobierno arranque, se organice y empiece “el chen chen bueno”, así, tal cual lo dijo, siempre y cuando sea con transparencia.
Justicia lenta, un sistema trabado y un expresidente sin pagar condena
La conversación se calentó al hablar de justicia. Brea reconoce que la condena inédita a un expresidente queda opacada porque aún no cumple ni la sanción ni el pago millonario impuesto.
Sobre la constituyente que propone el Gobierno, es optimista moderado: cree que una nueva Constitución no cambiará al país de un día para otro, pero sí podría corregir vicios históricos.
“Encontré un partido devastado”
Brea recuerda que, cuando recuperó la presidencia del PP tras haber sido derrocado internamente, lo que encontró fue un partido casi en ruinas: cero diputados, un alcalde, tres representantes, un escaño del Parlacén.
Con el ciclo electoral 2024 bajo la candidatura de Martín Torrijos lograron 364 mil votos, cinco alcaldes (tres de ellos propios) y dos diputados que, aunque no están inscritos, mantienen la bandera popular en la Asamblea.
Subsidio electoral: plata para capacitar… y para devolver
El PP recibe entre 4 y 7 millones de subsidio postelectoral. Brea cuenta que todo está hiperfiscalizado y que lo no utilizado se devuelve al Estado. Entre seminarios, activistas y gastos fijos, asegura, el margen es cada vez más rígido.
También cuestiona que algunos políticos administran partidos como si fueran empresas personales: “Hay políticos que hoy son empresarios más poderosos que el sector privado. Y no entiendo cómo salen millonarios”.
Busca seguir al frente hasta 2029
Brea quiere seguir como presidente del Partido Popular hasta 2029, pero dice que la decisión final la tomarán los delegados el próximo 13 de diciembre. Lo deja en manos de “lo que Dios decida”.
Su meta: dejar atrás la imagen de partido bisagra y convertirse por primera vez en cabeza de proyecto político, con candidatos propios y una oferta conectada con los valores del humanismo cristiano. “Nunca hemos sido cabeza. Siempre hemos estado ahí, ahí, ahí. Yo quiero cambiar eso.”




