La transformación digital ya no es promesa, es rutina. Así lo dejó claro Víctor Betancourt, gerente general de Sonda en Panamá, al detallar los avances tecnológicos que han cambiado y seguirán cambiando la forma en que los panameños se mueven por la ciudad.
Uno de los indicadores más claros del cambio cultural es que el 25% de las recargas ya se hacen a través de la banca en línea, sin pasar por taquillas ni máquinas. Y no es casualidad: el usuario confía en el sistema. Los pasajeros pasan la tarjeta de forma automática, sin que nadie se los pida.
Lo que viene: pago abierto y saldo en la nube
El gran anuncio es que este año el sistema de transporte entrará en una nueva etapa de modernización. La tarjeta de transporte seguirá existiendo, pero ya no será la única opción. Muy pronto, los usuarios podrán ingresar al Metro, Metrobús y zonas pagas usando tarjetas de débito, crédito o prepago de cualquier banco, nacional o internacional.
Además, el sistema dejará atrás el modelo donde el saldo “vive” en la tarjeta. Con la actualización, el saldo estará en la nube, lo que permitirá que las recargas se reflejen de inmediato, sin fricciones ni esperas.
Para lograrlo, se cambiarán los validadores en todos los buses y se renovará el sistema central. Las pruebas comenzarán a mitad de año.
El rol de Sonda: conectar transporte y sistema financiero
Sonda actúa como el habilitador tecnológico detrás del sistema. “Nosotros construimos los rieles transaccionales”, explicó Betancourt. Cada vez que una tarjeta pasa por un validador, la transacción viaja al sistema financiero, se autoriza y permite el acceso. Así de simple, así de rápido.
Las principales marcas que estarán habilitadas son Visa y Mastercard, tanto para crédito como débito.
Seguridad y datos: el músculo invisible del sistema
El sistema de transporte de la ciudad mueve 1.2 millones de transacciones diarias y ha acumulado más de 2.000 millones de viajes en 13 años. Toda esa data es clave para la planificación de rutas, horarios y flotas, pero también representa un enorme reto en ciberseguridad.
Betancourt aseguró que se realizan inversiones constantes para proteger la información, y que la migración a la nube se hará con canales de comunicación seguros y estándares internacionales.
¿Qué pasa con el saldo que no se usa?
El dinero no desaparece. El saldo almacenado ahora en la nube tiene un plazo de dos años para ser utilizado. Si no se usa en ese tiempo, pasa a un fondo del Estado, según las normas establecidas por la Autoridad del Tránsito.
En resumen: menos efectivo, más opciones de pago, transacciones más rápidas y un sistema alineado con las grandes ciudades del mundo. Panamá se mueve literalmente hacia el futuro




