El crecimiento desordenado de Panamá ya está pasando factura. Tráfico insoportable, falta de agua potable, comunidades sin servicios básicos y ciudades que avanzan sin control son parte de un problema estructural que, según el Gobierno, tiene un origen claro: décadas sin planificación.
Un país que creció sin reglas claras
El funcionario fue directo: Panamá ha crecido “sin un norte claro”, lo que hoy se traduce en problemas cotidianos para miles de ciudadanos.
Desde personas que se levantan de madrugada para enfrentar largos tranques, hasta comunidades que dependen de agua de dudosa calidad, el impacto del desorden territorial ya es visible.
¿Qué propone el nuevo plan?
La estrategia nacional de ordenamiento territorial busca definir, de forma técnica, cómo debe usarse cada parte del país:
- Zonas urbanas y sus límites
- Áreas protegidas y cuencas hidrográficas
- Regiones agrícolas y de alto valor productivo
- Espacios para desarrollo turístico e industrial
En pocas palabras: ponerle orden al mapa. El plan funcionaría como una “hoja de ruta” que guíe el desarrollo del país y evite decisiones improvisadas.
El problema: casi nadie ha cumplido la ley
Aunque existe una legislación desde hace 20 años, su aplicación ha sido mínima. Actualmente, Panamá solo cuenta con 8 planes de ordenamiento territorial aprobados a nivel nacional. Y zonas clave como Arraiján y La Chorrera llegan con más de una década de atraso en planificación.
Municipios, la pieza clave (y débil)
Uno de los puntos más críticos es que la responsabilidad de aprobar estos planes recae en los municipios. Es decir, el Gobierno central orienta, pero son las autoridades locales las que tienen la última palabra. Falta de capacidad técnica, baja transparencia y decisiones muchas veces influenciadas por intereses particulares.
¿Se puede evitar que cambien las reglas?
Una de las mayores dudas es si estos planes realmente se respetarán o terminarán modificándose según intereses políticos o económicos.
Osorio asegura que el nuevo enfoque busca reducir la discrecionalidad, apoyándose en:
- Mayor rigor técnico
- Participación ciudadana
- Juntas de planificación con distintos actores
Aun así, la preocupación sigue sobre la mesa: los planes pueden revisarse cada 10 o 15 años, lo que abre la puerta a cambios.
Crecimiento: ¿expandirse o densificarse?
El plan contempla dos formas de crecimiento urbano:
- Expansión horizontal controlada
- Densificación en altura
La idea es combinarlas estratégicamente, evitando que las ciudades sigan expandiéndose sin control.
El reto de los asentamientos informales
Otro desafío clave son los asentamientos informales, que crecen fuera de cualquier planificación. El viceministro reconoce que este fenómeno requiere soluciones urgentes, incluyendo la creación de reservas de suelo para vivienda social.
Una visión a largo plazo (por primera vez)
Más allá de los detalles técnicos, el verdadero cambio que plantea el Gobierno es de enfoque: dejar de pensar en periodos de gobierno y empezar a planificar el país a 25 o 30 años. “Lo que nos ha castigado es trabajar a corto plazo”, admitió Osorio.
¿Y ahora qué sigue?
El plan nacional aún está en fase temprana, mientras se avanzan instrumentos a nivel distrital. Por ahora, no existe un mapa definitivo que muestre cómo quedará dividido el país, pero el objetivo está claro: ordenar el territorio para mejorar la calidad de vida y la competitividad.



