La exdirectora del Instituto de la Mujer, Nellys Herrera, rompe el silencio después de más de dos años y señala de frente lo que considera una estructura interna de presión, manipulación y violencia política dentro del PRD. En su análisis, la utilización de “válvulas de escape” de la ley electoral especialmente las reservas de cargos no solo ha debilitado el liderazgo natural del partido, sino que ha servido como mecanismo para consolidar el control de grupos de poder.
Las reservas: de herramienta legal a mecanismo de control
Herrera asegura que las reservas se han convertido en un instrumento utilizado para fortalecer al grupo de poder de turno dentro del partido, en detrimento de quienes han construido liderazgo legítimo. Señala que durante el proceso interno previo a las primarias presidenciales, múltiples candidaturas fueron debilitadas o sacrificadas para favorecer al candidato del “círculo de poder”.
Incluso, afirma que varios diputados recibieron espacios asegurados sin haber ganado procesos anteriores, mientras a otros se les condicionaba su futuro político a cambio de apoyo: “Esto es violencia política. No queremos llamar las cosas por su nombre, pero eso es”.
El peso del liderazgo y la promesa incumplida de renunciar
Otro punto crítico de Herrera es la postura de la dirigencia actual, especialmente del presidente del partido. Recuerda que en octubre de 2024 y marzo de 2025, se anunció públicamente la renuncia de toda la cúpula del PRD. Sin embargo, esa promesa insiste no se cumplió.
Solo cinco dirigentes renunciaron, mientras el presidente del colectivo se mantuvo en el cargo y, según Herrera, aprovechó las vacantes para influir en la nueva estructura: “Esos niveles de manipulación no se pueden ignorar”.
Al referirse a una candidata que renunció dos veces, Herrera cuestiona el uso de vacíos legales para mantener figuras sin cumplir con los requisitos de años de militancia: “Volvemos a la válvula de escape. Como la ley no menciona continuidad, se suman pedacitos. No es la excepción prevista por ley; es manipulación del proceso”.
“Cartel político electoral”: las cabezas del poder interno
Al ser consultada sobre a quién se refiere cuando menciona un “cartel electoral”, Herrera no evade la pregunta: asegura que Benicio Robinson es una de las cabezas.
Aclara que no tiene un conflicto personal con él, que incluso fue parte de su equipo hace 15 años. Pero asegura que la estructura liderada por Robinson opera con un nivel de poder paralelo capaz de definir candidaturas, presionar funcionarios e incluso influir en designaciones gubernamentales.
Herrera narra un episodio del 2022 que, según dice, confirma ese poder: luego de aprobarse el Ministerio de la Mujer, fue llamada a la oficina de presupuesto a la que llama “el cuartito del matraqueo” donde Robinson le habría advertido que estaba sentada “con los enemigos” y que él definía quién sería la próxima ministra. Para Herrera, ese tipo de advertencias es evidencia de un “gobierno paralelo” dentro del partido.
Lealtades obligadas
Herrera afirma que su apoyo a la candidatura de Cristiano Adame provocó presiones directas. Asegura que muchos dirigentes recibieron ultimátum: “o te cambias, o pierdes tu puesto”. Señala que múltiples diputados vivieron situaciones similares, donde la reserva de candidaturas se utilizó como herramienta de castigo o premio político.
El 23 de noviembre: un punto de quiebre para el PRD
Herrera subraya que el proceso interno del 23 de noviembre de 2025 será determinante para el futuro del PRD rumbo a 2029. Y advierte que, si las mismas figuras responsables de la derrota electoral del 5 de mayo de 2024 continúan controlando el partido, los resultados no cambiarán.
En su caso, dice que no participará en el proceso actual porque no existen garantías de igualdad: “Yo aspiro a un próximo CEN que se dé bajo condiciones igualitarias y de derecho, no bajo un proceso manipulado”.
Una alerta interna desde la experiencia
Con su trayectoria como vicepresidenta nacional de las mujeres del PRD, delegada, directora y dirigente de la juventud, Herrera asegura que su denuncia no es personal, sino institucional: le preocupa el rumbo del partido y la normalización de prácticas que considera violentas y dañinas para la democracia interna.