El crimen organizado dejó de ser un fenómeno lejano y se convirtió en una estructura global que permea Estados, economías y comunidades. Así lo advierte Alejo Campos, director regional de Crime Stoppers Panamá, quien señala que la región enfrenta un problema sistémico donde la corrupción, la trata de personas y el narcotráfico operan como parte de una misma economía criminal.
Trata de personas: el negocio más rentable
Uno de los focos más graves es la trata de personas, un delito que hoy resulta más rentable que el tráfico de drogas. La explotación sexual, laboral, la mendicidad forzada y los matrimonios forzados forman parte de un mercado con alta demanda y baja percepción de riesgo criminal. Según Campos, por cada víctima rescatada existen al menos veinte invisibles.
Rutas, logística y empresas fachada
El directivo advierte que cuando el crimen sustituye funciones del Estado en comunidades vulnerables alimentación, empleo o seguridad se profundiza la dependencia y se amplía el reclutamiento. En ese punto, la infiltración da paso a la cooptación institucional, una condición donde ya no importa quién gobierne porque el sistema responde a intereses criminales, lo que define como cleptocracia.
El crimen que aprovecha la globalización
En contraste, Campos destaca que 2025 marcará un punto de inflexión para Crime Stoppers Panamá, con resultados concretos derivados de denuncias ciudadanas: incautaciones, arrestos y operativos que ya son visibles a través de los canales oficiales de la Policía.
El mensaje es claro: sin voluntad política real y cooperación transnacional, el crimen organizado seguirá adaptándose más rápido que los Estados. Pero cuando la ciudadanía participa, el sistema empieza a crujir.



