El terremoto de magnitud 7,4 que sacudió a Colombia el pasado lunes provocó una grave emergencia educativa que mantiene a decenas de miles de niños sin clases, especialmente en zonas rurales, pobres y de difícil acceso.
Comunidades rurales enfrentan mayores dificultades
La situación es especialmente compleja en departamentos como Chocó, donde muchas comunidades padecen desde hace años un déficit de infraestructura, falta de servicios básicos y aislamiento geográfico.
Un ejemplo es la escuela rural mixta de La Encharca, en el municipio de Medio San Juan, a la que solo se puede llegar en barca a través del río Suruco.
Tras el terremoto, la comunidad permanece sin electricidad, agua potable y conectividad, mientras que algunas paredes de las aulas y de los salones comunales presentan grietas.
Los estudiantes permanecen sin clases mientras esperan una inspección técnica de las autoridades regionales que determine si las instalaciones son seguras y qué tipo de reparaciones necesitan.
Clases virtuales, una alternativa difícil en las zonas afectadas
Ante la imposibilidad de utilizar algunos centros educativos, el Gobierno colombiano ha planteado recurrir temporalmente a la educación virtual.
Sin embargo, para comunidades como La Encharca esta alternativa resulta prácticamente inviable debido a la falta de conectividad y dispositivos tecnológicos.
El líder comunitario explicó que la zona enfrenta serias limitaciones de cobertura y que muchas familias no cuentan con computadoras ni teléfonos celulares adecuados para que los menores puedan conectarse a clases.
A esta situación se suma el complejo contexto de seguridad de la región, donde históricamente han tenido presencia el grupo narcotraficante Clan del Golfo y la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN), factores que también dificultan las labores de atención y respuesta ante la emergencia.
Pereira enfrenta una crisis educativa tras el terremoto
La emergencia también golpeó con fuerza a Pereira, capital del departamento de Risaralda, donde los daños en los centros educativos han dejado temporalmente sin clases a más de 58.000 estudiantes.
El ministro del Interior, Rodrigo Lara, señaló que los 165 colegios de Pereira se encuentran en condiciones críticas y que apenas 15 podrían retomar sus actividades después de reparaciones urgentes.
Lara calificó la situación como "una tragedia educativa de escala nacional".
Uno de los centros afectados es la escuela Jesús María Ormaza, donde los estudiantes se encontraban iniciando la segunda hora de clases cuando comenzó el fuerte movimiento telúrico.
Daños en techos y paredes obligan a suspender las clases
El rector del plantel, Luis Ernesto Caicedo, explicó a EFE que la estructura sufrió importantes daños, aunque destacó que ningún estudiante resultó lesionado.
Las autoridades educativas deberán determinar ahora las condiciones de seguridad del plantel y definir las alternativas para garantizar la continuidad académica de los estudiantes.
Mientras se evalúan las instalaciones, el colegio también ha comenzado a organizar un punto de ayuda para recibir alimentos, medicamentos y ropa destinados a las familias afectadas.
Cientos de estudiantes también perdieron sus viviendas
El impacto de la emergencia va más allá de los daños en las escuelas. Entre 100 y 120 estudiantes de los cerca de 800 alumnos de la institución educativa Jesús María Ormaza perdieron sus viviendas y actualmente permanecen en albergues temporales.
La situación evidencia las dificultades que enfrenta Colombia para garantizar el regreso a las aulas después del terremoto, particularmente en las comunidades donde la infraestructura educativa ya presentaba deficiencias antes del desastre.
A pesar del panorama, Caicedo aseguró que los docentes y el personal administrativo están preparados para apoyar a los estudiantes y sus familias.
La emergencia deja así un desafío adicional para las autoridades colombianas: reconstruir las escuelas afectadas y evitar que miles de niños y adolescentes queden rezagados en su educación, especialmente aquellos que viven en las zonas rurales más vulnerables y sin acceso a internet.