Nos perdemos de tanto cuando vivimos en un mundo de suposiciones; cuando asumimos que tenemos las respuestas y simplemente apagamos la posibilidad de escuchar. En recientes semanas muchos nos hemos sumado a una misión por apoyar desinteresadamente al gobierno nacional en la gran campaña de vacunación en Panamá. Está claro que nadie puede ser obligado a vacunarse y cada vez más escuchamos: "vacunarme es mi problema y mi decisión". Podrían estas actitudes llevar al colapso financiero de un país?
Y a pesar de ello apenas un 60% de la población que puede vacunarse lo ha hecho en ese país. Un numero importante de personas o antivacunas o apáticas a la situación epidemiológica. De no agilizar la vacunación, la inmunidad colectiva jamás será alcanzada y peor aún abrimos la posibilidad para que el virus mute. La contracción económica del primer trimestre fue realmente escabrosa pero no sorpresiva dada las restricciones en aforo en locales comerciales, la movilización aún restringida por toque de queda y otras acciones que congelan al inversionista o al banquero.
Algunos expertos médicos y economistas no ven la vacunación como un tema económico si no como un tema estrictamente sanitario.
Es complicado no conectarlos cuando el virus se ha encargado de eliminar miles de negocios creando desempleo y alimentando informalidad.
La solidaridad, la sensatez que descansa en la ciencia, y el deseo por todos juntos salir adelante puede ser determinante en la reactivación económica de un panamá más justo.




