La pandemia en Panamá terminó por acabar con algunos negocios que venían ya sufriendo los estragos de la desaceleración económica que tiene más de 10 años afectando el poder adquisitivo y la calidad de vida de los panameños. Dado esto, los bancos han sido cuestionados duramente por la supuesta ausencia de comprensión hacia el más vulnerable, al no apoyar a empresarios con estados de resultados deficitarios.
Es por ello, que pedirles a los bancos que presten dinero sin garantías o sin seguridad de repago en medio de los difíciles momentos que vivimos, es pedirles que actúen irresponsablemente.
Recuperación de la economía
La micro, pequeña y mediana empresa juega un papel importante en la recuperación de la economía panameña.
Durante el confinamiento más estricto de toda la región, estos empresarios batallaron dignamente y en medio de mucho vaivén lograron salir adelante generando empleo y cumpliendo con obligaciones fiscales que han mantenido a un estado operativo.
Sin embargo, el gran rubro que esquivó a estos guerreros fue el acceso a préstamos. Mientras que, las facilidades por más de 500 millones de dólares puestas a disponibilidad de los bancos para enfrentar posibles situaciones de liquidez no fueron tocada, eso habla bien de la solvencia y el manejo de liquidez responsable.
Pero, cómo lograr entonces que la banca local se anime a prestar a empresas que crean trabajos tan necesarios en Panamá pero que no cuentan con el apoyo de una garantía tangible o de estados financieros robustos.
Es aquí precisamente donde la intervención del estado es justificable porque reanima el crédito y se asegura de que los fondos lleguen a dónde tienen que llegar. Un programa de garantías estatales permitiría el acceso a fondos que hoy día pues están simplemente sin usar.
Se trata de una decisión inédita para la banca local, para la banca estatal y hasta para el gobierno. Pero se puede arrancar con un fondo extraordinario que permite establecer un plan piloto con los bancos con las carteras más voluminosas en el sector MiPymes, adicionando al Banco Nacional y a la Caja de Ahorros y así probar, con el fin de que los fondos que hoy están varados en bóvedas se pongan al servicio de quienes generan el 70% de los empleos en Panamá.
Para el economista Carlos Araúz, esta acción sería el más sensato estímulo que podría darse al sector privado panameño en un año en que la polarización y el populismo han reinado.
"Es la manifestación de que una alianza público privada puede existir, funcionar y crear impacto", reiteró.