Me entristece, más bien me indigna profundamente ver que nuestro querido Panamá ha obtenido solo 33 puntos de 100 posibles en el reciente ranking de percepción de corrupción. No, no somos Dinamarca, ni Suecia. Pero este resultado nos obliga a reflexionar seriamente sobre las consecuencias que tiene la corrupción.
Como la corrupción suele beneficiar a quienes tienen conexiones o pueden pagar sobornos, siempre serán los más vulnerables quienes queden sin acceso a medicamentos esenciales. Y pocas veces nos fijamos en el impacto que estos malos manejos tienen en el personal de la salud porque cuando los recursos no llegan donde deben, el personal médico y de enfermería se desmotiva, afectando la calidad de atención. La corrupción desincentiva la inversión en investigación y desarrollo de nuevos medicamentos a nivel local alimentando la desconfianza y la poca fe que se puede tener en el sistema de salud, lo que puede llevar a buscar alternativas no reguladas y hasta peligrosas.
Se necesita más transparencia
Toca entonces demandar que se publiquen los gastos en salud y medicamentos de forma clara y accesible y denunciar irregularidades si vemos algo sospechoso en el manejo de la cosa pública. Las redes sociales masifican ese alcance y por ende hay que atreverse a apuntar el dedo y denunciar. Involucrarnos en organizaciones civiles que vigilen el gasto en salud y promuevan el acceso a medicamentos es otra alternativa pero quizás la más obvia es elegir a líderes comprometidos con la lucha anticorrupción y la mejora del sistema de salud.
Cada balboa desviado por la corrupción es un medicamento que no llega a quien lo necesita, un tratamiento que se retrasa, una vida que se pone en riesgo. Juntos, podemos construir un Panamá más transparente y saludable. No perdamos la esperanza ni dejemos de luchar por un sistema de salud justo y eficiente. Apostemos todos por un futuro donde la salud y el bienestar de todos sean la prioridad.