La creciente violencia está alcanzando a personas inocentes, especialmente a menores de edad. Uno de los ejemplos, es el ataque armado ocurrido en Rana de Oro, en Pedregal, donde una estudiante resultó herida mientras se dirigía a su escuela junto a un familiar, lo que vuelve a poner sobre la mesa esta preocupante realidad.
Especialistas advierten que, en este tipo de hechos, quienes ejecutan los ataques suelen enfocarse únicamente en cumplir su objetivo, sin importar quiénes se encuentren alrededor, lo que incrementa el riesgo para terceros ajenos a los conflictos.
"El asesino o el individuo que comete estos delitos tiene un perfil y el perfil principal es el psicopático, de personalidad o sociopática de la personalidad en donde no les interesa ni les importa lo que les pase a las otras personas porque ellos van a cumplir con su objetivo", señaló la psicóloga, Lesbia González.
Por su parte, juristas consideran que estos casos evidencian la necesidad de revisar y fortalecer el marco legal, ante escenarios en los que personas vinculadas a actividades delictivas podrían utilizar la presencia de familiares, incluso menores de edad, como una aparente protección, sin evitar que estos terminen siendo víctimas de la violencia.
"Tenemos muchos casos y vuelvo y lo dejo en el tintero. ¿Estarán utilizando las personas que están en una actividad delincuencial a sus propios hijos, sobrinos, etcétera, como escudos? para decir: si me ven no me van a hacer nada porque voy con un niño. Ya se ha demostrado que esa no es la realidad. Entonces, ese es un escenario que debemos analizar para poder tomar conductas y correctivos en función de la protección de nuestra niñez", recalcó la abogada, Suky Yard.
Casos como estos reabren el debate sobre las consecuencias de la criminalidad y la urgencia de adoptar medidas que garanticen una mayor protección para la población, especialmente para niños y adolescentes.