Anastasio Stephens, representante de la Federación Nacional de Personas con Discapacidad, hizo un llamado a fortalecer la inclusión en Panamá, señalando que el principal obstáculo sigue siendo la falta de interacción y comprensión hacia esta población.
“Permítete convivir”: un llamado a romper barreras y ver las capacidades
Stephens destacó que convivir con personas con discapacidad permite descubrir su creatividad, competencias y formas diversas de aportar a la sociedad.
Panamá ha avanzado, pero aún falta trabajar con jóvenes y niños
El representante recordó que el país ha evolucionado desde los años 90 en materia de discapacidad, pero insistió en la importancia de trabajar con la niñez y la juventud para cambiar mentalidades desde temprano.
Accesibilidad universal: rampas, semáforos sonoros y ajustes que benefician a todos
Stephens subrayó que los ajustes razonables no solo benefician a las personas con discapacidad, sino a toda la población.
Explicó que:
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Una rampa ayuda a quienes usan silla de ruedas, pero también a personas con limitaciones temporales o adultas mayores.
Un semáforo sonoro permite orientarse a personas con discapacidad visual, pero también facilita el cruce a quienes dependen de señales auditivas en calles concurridas.
“Eso es accesibilidad universal. Aunque se piense en una condición, termina ayudando a toda la sociedad”, sostuvo.
Educación, empleo y salud: las deudas pendientes con la población con discapacidad
Stephens insistió en que la verdadera inclusión depende del acceso a educación, oportunidades laborales y servicios de salud adecuados.
Rezago laboral: solo 2 de cada 10 personas con discapacidad logran empleo
El dirigente advirtió que Panamá no escapa a la realidad global: solo dos de cada diez personas con discapacidad consiguen empleo, cifra que refleja un rezago importante.
Además, denunció que algunas discapacidades están más afectadas por la exclusión laboral:
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Discapacidad psicosocial
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Discapacidad visual (sensorial)
Ante esta situación, muchas personas deben recurrir a programas sociales para emprender actividades mínimas como venta de bisutería, pequeños kioscos o negocios informales para cubrir necesidades básicas.
Salarios mínimos y estigmas: la otra cara de la exclusión
Stephens aseguró que incluso quienes logran acceder a un empleo enfrentan otro problema: no se les reconoce un salario acorde con su formación, sino el mínimo posible.
“Tenemos compañeros abogados, contadores, economistas, trabajadores sociales o educadores. Personas con títulos universitarios y altos perfiles, pero no se les equipara el salario. Se mira la condición, no la competencia”, denunció.