El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, y el senador Flavio Bolsonaro se citarán en las urnas dentro de un mes, en unas elecciones que se vaticinan inciertas a raíz de las revelaciones de un escándalo de corrupción de gran calado y con potencial explosivo.
Un escándalo en desarrollo
La campaña se ha tensado al límite en los últimos días por el escándalo que tiene en su eje al Banco Master, un ente privado liquidado por orden del Banco Central el año pasado, tras causar pérdidas que superan los 11.000 millones de dólares a fondos de pensiones públicos. Las investigaciones siguen abiertas y, en su mayoría, bajo secreto judicial, mientras el caso ha salpicado a numerosos políticos, autoridades y jueces del Tribunal Supremo.
La crisis política creció esta semana por la divulgación de mensajes comprometedores del banquero Daniel Vorcaro, antiguo dueño del Banco Master, enviados magistrado Alexandre de Moraes, quien fue el juez instructor del caso que llevó a la condena de Jair Bolsonaro por golpe de Estado. Ambos bandos políticos han tratado de explotar el caso de corrupción para vincularlo a su adversario.
Flávio Bolsonaro afirmó que existe “un consorcio” entre Lula y “esas personas que han intentado acabar con la democracia”, en alusión a los implicados en la trama. Mientras, la izquierda intenta explotar el hecho de que el propio senador admitió haber recibido al mes 12 millones de dólares de Vorcaro para patrocinar una película sobre el ascenso político de su padre. Bolsonaro ha defendido la legalidad del patrocinio, aunque ha eludido las peticiones de mostrar el contrato y aclarar el destino de los fondos.
Polarización al extremo
Por su parte, Lula ha pedido celo en las investigaciones del caso Master, pero también ha criticado que las filtraciones han sido “selectivas”. Sin citar a nadie, el gobernante afirmó que “algunas personas” intentan “debilitar” las instituciones democráticas con las filtraciones. Ante la incertidumbre por el alcance de las investigaciones de la Policía Federal, las encuestas muestran un escenario extremadamente polarizado entre Flávio Bolsonaro, abanderado de la extrema derecha, y Lula, único candidato de centro izquierda.
La sombra del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aliado de los Bolsonaro, también alcanza la campaña brasileña debido a las tensas relaciones que mantiene con el Gobierno de Lula, agravadas por los fuertes aranceles impuestos contra Brasil a partir de julio.
Tanto Lula como Bolsonaro tienen en su contra tasas de rechazo superiores al 45 % del electorado, pero los sondeos no vaticinan espacio para el surgimiento de una alternativa. Del resto de candidatos, solo el psicólogo Augusto Cury despunta con entre 8 % y 10 % de intención de voto, según diferentes encuestas.
Este tablero repite aparentemente el escenario de 2022, cuando Brasil se dividió casi a la mitad entre Lula y Jair Bolsonaro y las elecciones se decidieron en segunda vuelta por menos de un punto porcentual. La primera vuelta de las elecciones se celebrará el 4 de octubre y, si ningún candidato supera la mitad de los votos, habrá una segunda vuelta el 25 de octubre con los dos más votados.







