Dos semanas después del doble sismo que sacudió Venezuela, decenas de familias continúan removiendo escombros por cuenta propia en Playa Grande, estado La Guaira, con la esperanza de recuperar a sus seres queridos desaparecidos. La tragedia, que dejó más de 3.800 muertos y miles de desaparecidos, mantiene abiertas las heridas de una de las peores catástrofes registradas en el país.
Mientras trabajaba en un estrecho túnel abierto entre los escombros, un hombre le entregó un álbum de fotografías encontrado bajo la estructura derrumbada. Al reconocer las imágenes de sus hijos adolescentes, desaparecidos desde el día de la tragedia, confirmó que estaba excavando en el lugar correcto.
Ocando intenta localizar a sus hijos, de 13 y 18 años, quienes vivían junto a una tía en el apartamento que quedó sepultado tras el colapso del edificio.
Familias mantienen la esperanza pese al paso de los días
En los primeros días posteriores al terremoto, los familiares confiaban en que los desaparecidos pudieran ser rescatados con vida. Sin embargo, el paso del tiempo ha reducido las esperanzas y ahora el objetivo es recuperar los cuerpos para darles una despedida digna.
Junto a sus hermanos, Ocando instaló un campamento improvisado frente a las ruinas y permanece allí desde el día del desastre.
La escena se repite en distintos puntos de Playa Grande. Decenas de familias continúan excavando por su cuenta ante el temor de que los escombros sean removidos por maquinaria pesada y nunca puedan recuperar los restos de sus seres queridos.
Muchos de los equipos utilizados para la búsqueda han sido adquiridos por los propios familiares.
Hallazgos alimentan la esperanza de encontrar a los desaparecidos
Después de más de una semana de esfuerzos, el grupo logró acceder al apartamento donde residían los adolescentes y su tía. El hallazgo del álbum fotográfico confirmó que habían llegado al lugar correcto.
Dentro de la estructura colapsada, una cadena humana de nueve personas trabaja removiendo escombros en espacios reducidos. En la superficie, otros familiares perforan desde distintos ángulos con la esperanza de encontrar señales de sus desaparecidos.
A pesar de los riesgos que implica ingresar a una estructura inestable, los familiares aseguran que no abandonarán la búsqueda.
Crecen las críticas por la respuesta de las autoridades
Damián Molero, hermano de Ocando, reconoció que cada incursión entre las ruinas pone en peligro sus vidas, pero considera que vale la pena asumir el riesgo.
Según denunció, los familiares sienten que las autoridades priorizan la demolición de las estructuras antes que las labores de recuperación.
Las críticas también apuntan a la falta de apoyo logístico y de recursos para continuar las tareas de búsqueda en una zona donde cientos de personas siguen desaparecidas.
Sobrevivientes cuestionan la calidad de las construcciones
Lázaro Cardozo, quien busca a Fabiana, hija de una prima, responsabilizó a las administraciones anteriores y actuales por las condiciones en que fueron construidos los complejos residenciales afectados.
El hombre de 67 años sostiene que las edificaciones destinadas a familias de bajos recursos presentaban deficiencias estructurales que quedaron expuestas con el impacto de los sismos.
Cardozo considera que la tragedia pudo haberse evitado si las construcciones hubieran cumplido con estándares adecuados de seguridad.
Una tragedia que mantiene a Venezuela en duelo
Los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 registrados el 24 de junio provocaron una devastación sin precedentes en varias regiones del país, especialmente en La Guaira.
Dos semanas después de la catástrofe, las labores oficiales de rescate han disminuido, pero las familias continúan aferradas a la esperanza de encontrar respuestas.
A pocos metros de distancia, Ciro Ocando seguía cavando entre los restos del edificio, decidido a encontrar a sus hijos y cerrar un capítulo marcado por el dolor, la incertidumbre y la tragedia que aún golpea a Venezuela.