A los panameños nos cambia el humor en la estación seca. La brisa que viene del norte, la floración de los robles y guayacanes, todo apunta hacia un mensaje alto y claro: Panamá entra en una ventana de oportunidad crítica en estos meses, ciclo del año bien conocido como la ¨temporada alta” en cuanto atracción turística local e internacional.
Es fundamental entender la aritmética detrás de este fenómeno. Durante estos meses, el flujo de divisas aumenta considerablemente. El turista que llega no solo paga un hotel o un boleto de avión; ese es el error común al analizar el sector. El impacto real es transversal, multisectorial y contagia una cadena de positivismo poca veces vista en el año. Ese visitante consume en restaurantes, utiliza transporte selectivo y masivo, compra artesanías y demanda servicios de entretenimiento. Aquí es donde se activa el famoso efecto multiplicador del dinero.
Pero, ¿Dónde se siente con mayor fuerza este impacto? Sin duda, en la columna vertebral de nuestra estructura empresarial: la micro y pequeña empresa (MYPE). Recordemos que son estas empresas las que constituyen el 87% del total de la fuerza empresarial del país. Para el pequeño empresario, para el dueño de la fonda en el interior, para el artesano en el Casco Antiguo o el guía turístico independiente en Chiriquí, estos cuatro o cinco meses representan a menudo el 60% o más de su facturación anual. Es un periodo de "zafra" económica que permite estabilizar flujos de caja, pagar deudas adquiridas durante la temporada baja y, lo más importante, planificar reinversiones.
Un impulso que necesita apoyo integral
Sin embargo, debemos ser asertivos en el análisis: la temporada alta no resuelve los problemas estructurales por sí sola. Si bien genera empleo temporal y dinamiza el consumo, el reto para la micro y pequeña empresa es la sostenibilidad. ¿Cómo logramos que esa liquidez de verano se traduzca en formalidad y crecimiento a largo plazo? El emprendedor panameño debe aprovechar esta temporada no solo para vender, sino para mejorar su calidad de servicio y fidelizar. Un turista satisfecho es la mejor campaña de mercadeo internacional que Panamá puede tener.
El impacto es innegable: el turismo es el sector con la capacidad más rápida de distribución de riqueza. A diferencia de otras industrias donde el capital tarda en permear, el dólar del turista llega inmediatamente al bolsillo del conductor, del mesero y del comerciante.
Aprovechemos esta temporada alta con inteligencia financiera y visión de país. Porque cuando el turismo se mueve, Panamá avanza.