El nuevo presidente de la Reserva Federal (Fed), Kevin Warsh, ofreció una orientación "reformista" al jurar el cargo en un acto solemne en la Casa Blanca el viernes. El presidente Donald Trump prometió en la ceremonia que el jefe del banco central sería "totalmente independiente", aunque deslizó que esperaba que la lucha contra la inflación, el objetivo primordial de la Fed, no sea en detrimento de la "grandeza" económica del país.
"Lideraré una Reserva Federal orientada a las reformas, aprendiendo de los éxitos y errores del pasado, dejando atrás marcos y modelos estáticos y manteniendo claros estándares de integridad y desempeño", aseguró Warsh tras una ceremonia de juramentación efectista, con banda de música y gran panel de invitados en uno de los salones de la Casa Blanca.
Warsh instó a los gobernadores que se sentarán junto a él a perseguir sus objetivos "con sabiduría y claridad, independencia y determinación", y agregó que "la inflación puede ser más baja, el crecimiento más fuerte, el salario real neto más alto y Estados Unidos puede ser más próspero" si así lo hacen.
"Kevin entiende que cuando la economía está en auge, eso es algo bueno. Queremos frenar la inflación, pero no queremos frenar la grandeza", dijo antes Trump.
Warsh ha respaldado recortes de tasas en el pasado, incluso en momentos en que la mayor economía del mundo enfrenta una inflación en su nivel más alto de los últimos tres años.
Impugnación de gobernadora
Los jueces Clarence Thomas y Brett Kavanaugh estuvieron entre los presentes el viernes, y Thomas fue quien tomó el juramento de Warsh.
Ante la Corte Suprema sigue pendiente la impugnación de la gobernadora de la Fed, Lisa Cook.
Es inusual que el jefe de la Fed, un organismo independiente, jure el cargo en la Casa Blanca.
El último jefe del banco central que lo hizo fue Alan Greenspan en 1987, durante la presidencia de Ronald Reagan.
En su audiencia de confirmación en el Senado, Warsh insistió en que "en absoluto" sería una marioneta del presidente.
Equilibrar mandatos
Warsh asumirá el mando de una Fed dividida que enfrenta una inflación elevada —impulsada por el aumento de los precios de la energía resultante de la guerra de Trump contra Irán— y un mercado laboral que muestra señales de debilidad.
El banco central estadounidense tiene el doble mandato de mantener la inflación en su objetivo de largo plazo del 2% y, al mismo tiempo, preservar el máximo empleo.
La inflación en abril a doce meses fue del 3,8%, la mayor en tres años.
El índice de confianza del consumidor cayó más de lo previsto en mayo, a 44,8 puntos.
En una reunión de la Fed el mes pasado, la mayoría de los responsables de política indicaron que podrían ser necesarias subidas de tasas si la inflación continúa por encima del objetivo de largo plazo de la Fed.
Warsh ha sostenido que las ganancias de productividad derivadas de la innovación liderada por la inteligencia artificial permitirán que la economía estadounidense crezca rápidamente sin añadir presiones inflacionarias.
La tasa de desempleo en Estados Unidos se ha mantenido relativamente estable en torno al 4,3% durante el último año.
Pero la creación de empleo ha oscilado bruscamente entre expansión y contracción de un mes a otro.
Potencialmente, uno de los factores que podrían añadir dificultades a los desafíos de Warsh será el hecho de que su predecesor, Powell, ha decidido permanecer en la junta como miembro, una decisión inusual pero no sin precedentes para un presidente saliente.
Powell citó las amenazas a la independencia de la Fed como la razón de su decisión.
El viernes, el asesor económico de la Casa Blanca, Kevin Hassett, dijo que esperaba que Powell pronto "diera un paso al costado" para que Warsh pudiera "tener un control completo y sencillo de la Fed".