“No es fácil entender la economía China”, afirma el economista Carlos Araúz. “Esos años de crecimiento a doble dígitos quedaron atrás; y no tengo claro si el tema es coyuntural por el manejo de lo vivido por la Covid-19 y las políticas de confinamiento estricto”, añade el especialista, quien indica que se siente como un problema más profundo que vale la pena analizar por sus repercusiones para el mundo.
La gráfica muestra las grandes fluctuaciones en crecimiento económico durante los recientes cinco años, incluyendo una proyección de cómo cerrará 2023 y lo que puede traer 2024. China es un país muy diferente hoy al de hace 20 años, cuando habían grandes necesidades que permitían colocar el resultado de la gran productividad creada. A medida que se ha creado riqueza, de la mano de una mano de obra que envejece rápidamente, pareciera que las condiciones para crecer no están allí.
El fondo monetario internacional proyecta un crecimiento interesante de 4%. Pero el país aún necesita invertir casi 40% de su PIB y dadas las circunstancias es casi imposible llegar a esta necesaria vitalidad. Preocupa la inminente crisis inmobiliaria --lección para Panamá--, no podemos depender de la construcción como pilar más relevante en un modelo económico.
¿Se acabó el milagro chino?, Lejos de eso -Xi Jinping y el partido comunista es bastante capitalista cuando se refiere a disfrutar las mieles del progreso-. Para Araúz, la reciente batalla por producción de semiconductores es un ejemplo de lo que seguramente se vivirá por muchos años por venir.
El especialista termina asegurando que, los problemas de China ya no son de ese país, sino del mundo, considerando su tamaño, influencia y apetito por poder. Y que Panamá vive tiempos de análisis, de cautela y de encontrar aliados que puedan representar bienestar para nuestra población.