Economía ECO News -  22 de enero de 2026 - 20:24

La cultura como herramienta económica y de cambio social

Cuando hablamos de la cultura y eventos de la talla del Panama Jazz Festival, no estamos hablando solo de entretenimiento, sino de una plataforma de educación.

CONEXION FINANCIERA DEL 22 ENERO 2026

Cultura como motor económico

Somos conscientes del error que cometemos a menudo (notarán que me incluyo), de medir el progreso únicamente a través de un indicador tangible: el Producto Interno Bruto, la balanza comercial o la inversión extranjera directa.

Recientemente, hemos sido testigos de una decisión que, desde una perspectiva puramente contable, podría parecer un simple ajuste de línea presupuestaria: la reducción de fondos destinados al Panama Jazz Festival. No obstante, analizar este recorte como un mero ahorro fiscal es un error estratégico de gran magnitud.

Cuando hablamos de eventos de la talla del Panama Jazz Festival, no estamos hablando solo de música o entretenimiento. Estamos hablando de una plataforma de educación, de un ascensor social para cientos de jóvenes en riesgo social y, sobre todo, de un punto de encuentro donde las diferencias socioeconómicas se diluyen.

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Cultura con efecto multiplicador

La economía moderna ya no se sustenta solo en infraestructuras de concreto, en el desarrollo de minas de cobre o de puertos, sino en la "economía naranja" y el capital humano. Al reducir la inversión en cultura, no estamos ahorrando; estamos descapitalizando el activo más importante de Panamá: su gente y su identidad. Un dólar invertido en cultura tiene un efecto multiplicador extraordinario. Genera turismo, ocupa habitaciones de hotel, llena restaurantes, activa servicios conexos, pero, más importante aún, genera sentido de pertenencia. La cohesión social es un pre-requisito para la estabilidad económica. Sin un tejido social fuerte, la confianza —esa moneda indispensable para los negocios— se erosiona. La cultura nos recuerda quiénes somos y nos proyecta hacia quiénes queremos ser. El Jazz Fest ha puesto a Panamá en el mapa mundial no por su canal, sino por su talento y su capacidad de armonía.

Es imperativo que replanteemos nuestra visión de la austeridad. La eficiencia en el gasto público es necesaria, sin duda, pero cortar los flujos que nutren el alma de la nación y que ofrecen alternativas reales a la juventud es una miopía financiera. Panamá necesita más puentes, sí, pero no solo los físicos. Necesitamos los puentes culturales que nos permitan cruzar, juntos, hacia un desarrollo verdaderamente integral. Desfinanciar la cultura es, en última instancia, hipotecar nuestra propia identidad y debilitar los lazos que nos mantienen unidos como nación. Debemos ser más astutos: la rentabilidad social de la cultura es infinita, y su pérdida, incalculable.