No me alcanza ni para llegar a la quincena. Los tres golpes son cosa del pasado. ¿Qué hago para ganar más? El debate sobre un aumento en el salario mínimo en Panamá tiene profundas implicaciones económicas y sociales. Está claro que no rinden los actuales niveles para que el panameño viva con calidad de vida.
En un entorno complejo, es importante entender que un aumento en el salario mínimo puede mejorar la calidad de vida de los trabajadores de bajos ingresos, reduciendo la pobreza y estimulando el consumo interno. Si bien la pobreza ha disminuido de manera relevante durante los últimos 20 años, la velocidad con que se debe erradicar la misma ha venido disminuyendo.
Posibles riesgos
Existe el riesgo, por otro lado, que las empresas, especialmente las pequeñas y medianas, enfrenten mayores costos laborales, lo que podría traducirse en reducción de empleos y un lógico aumento en los precios de productos y servicios. En países como Costa Rica y Colombia, aumentos moderados en el salario mínimo han tenido efectos variados: en algunos casos, han impulsado el consumo y reducido la desigualdad, mientras que en otros han generado presiones inflacionarias y pérdida de empleos.
Siguiendo con las comparaciones en Costa Rica, el incremento en el salario mínimo ha sido gradual, acompañado de políticas que fomentan la productividad y la formalización laboral. En Colombia, los ajustes en el salario mínimo se han realizado teniendo en cuenta la inflación y la productividad, procurando mantener la competitividad del país en mercados internacionales.
Más competitividad
¿Cómo podría darse un aumento a $900 en el salario mínimo panameño? No vemos manera alguna en la que este número se alcance si no mejoramos la productividad laboral mediante capacitación y educación continúa para que el valor agregado de los empleados sea real y se traduzca a salarios más altos sin perder competitividad. Además, fomentar la formalización del empleo facilitaría que las empresas operen de manera más eficiente y puedan absorber mayores costos laborales.
Otra estrategia clave es incentivar sectores productivos y diversificar la economía. La inversión en industrias de alto valor agregado y en sectores estratégicos puede generar empleos de calidad mejorando los ingresos fiscales que el país tanto necesita para mantener el grado de inversión. Considero que el aumento en el salario mínimo debe ir acompañado de un diálogo social inclusivo, donde empleadores, trabajadores y el gobierno colaboren en la definición de políticas que consideren las realidades económicas y sociales del país.
La implementación de medidas que promuevan la innovación, la productividad y la competitividad serán clave para que el salario mínimo de $900 no solo sea un número, sino un medio para mejorar de manera sostenida el bienestar de la población y fortalecer la economía panameña en tiempos de incertidumbre global.
Para propios y extraños, un aumento en el salario mínimo hace sentido y seguramente no se logrará un consenso por lo que el gobierno salomónicamente tendría que dirimir el tema y hacerlo ley de la república. Nuestros análisis lamentablemente apuntan hacia más connotaciones negativas que positivas si el salario mínimo se plantea en $900 dólares. Aprendamos lecciones de otros países con situaciones sociales similares donde ha quedado claro que la clave para alcanzar un salto mínimo razonable estuvo en equilibrar la protección social con la sostenibilidad económica, promoviendo la productividad y la diversificación económica para así lograr un desarrollo verdaderamente inclusivo y potentemente verdadero.