“Buscar ayuda sigue siendo un desafío para muchos pacientes”, menciona la doctora Juana Herrera. El estigma, la falta de acceso a servicios y la poca comprensión familiar, agravan un problema que afecta tanto la salud mental como el bienestar emocional y social.
Muchas personas evitan buscar ayuda por miedo a ser juzgadas o catalogadas como “locas”. A esto se suma el limitado acceso a servicios especializados, lo que prolonga el sufrimiento y genera grandes pérdidas económicas por la falta de productividad.
Normalizar comportamientos no es la solución
Una persona puede vivir años con depresión sin saberlo. En muchos casos la sociedad justifica los síntomas con frases como “él o ella siempre ha sido así” o “solo está triste”, ignorando señales claras: la falta de energía, aislamiento, apatía o llanto frecuente.
Herrera señala que, el diagnóstico temprano y la atención profesional pueden acortar el proceso, pero mientras se siga normalizando ciertos comportamientos, miles de personas seguirán sin recibir tratamiento.
Depresión y genética: una conexión real
La depresión puede tener un componente hereditario. Durante las evaluaciones, los especialistas consideran los antecedentes familiares, el consumo de sustancias y diagnósticos previos como ansiedad o trastorno bipolar. Estos elementos ayudan a determinar si el origen del cuadro es genético o ambiental, una información clave para orientar el tratamiento y evitar recaídas.
Educación familiar, clave para la recuperación
La doctora Juana Herrera dice que, el tratamiento no termina con una receta médica; se debe destacar la importancia de educar a la familia sobre el padecimiento, sus causas y consecuencias. Y que, sin esta comprensión el entorno puede malinterpretar el comportamiento del paciente y generar conflictos.
También destaca que, la ley 68 del 20 de noviembre del 2003, establece que los médicos deben explicar el diagnóstico, los síntomas y los efectos de los tratamientos, promoviendo una atención más humana y consciente.
Ansiedad y depresión. Dos caras distintas
Aunque ambas condiciones médicas comparten causas similares, como el estrés, factores genéticos o económicos, la depresión y la ansiedad presentan diferencias clínicas.
La especialista menciona que, la depresión altera el estado de ánimo, mientras que la ansiedad se caracteriza por inquietud, miedo y síntomas físicos como sudoración o insomnio. Ambas condiciones implican alteraciones en los neuroquímicos cerebrales, lo que demuestra que no se trata de falta de voluntad, sino de un desequilibrio real en el organismo.