Diecinueve migrantes que trataban de llegar a Estados Unidos murieron en lo que va de año mientras cruzaban la selva del Darién en Panamá, una peligrosa ruta por la pasaron en 2022 más de 160 mil personas, en su mayoría venezolanos.
Sin embargo, existen testimonios que indican "que existe una cantidad mucho mayor (de muertos) que quedan en las trochas de la selva y en los ríos", agregó.
Pachar aclaró que las cifras oficiales se refieren a los cuerpos que llegan a la morgue judicial de La Palma, capital de la provincia selvática del Darién.
Según el funcionario, desde 2018, los muertos han superado la centena, siendo 2021 el peor año, con 53 fallecidos en la jungla.
La selva del Darién, en la frontera entre Panamá y Colombia, de 266 km, se ha convertido en un corredor para los migrantes irregulares que, provenientes de Sudamérica, tratan de cruzar América Central hacia Estados Unidos.
En esta jungla virgen, de 575 mil hectáreas, los viajeros enfrentan múltiples peligros, como animales salvajes, entre ellos serpientes venenosas, ríos caudalosos y grupos criminales.
En 2022 más de 160 mil migrantes, en su gran mayoría venezolanos, cruzaron en lo que va de año la selva panameña, un registro que pulveriza el récord de 2021, cuando lo hicieron 133 mil personas, más que el acumulado en toda la década anterior.
De ellos, casi tres cuartas partes son venezolanos, que han pasado de 2 mil 800 casos en 2021 a más de 114 mil este año.
Pachar manifestó que la mayor parte de los fallecimientos en la selva se producen por ahogamiento, producto de la crecida repentina de los ríos que los migrantes tratan de cruzar.
En "la gran mayoría de los casos" los cuerpos "no han sido reclamados y han sido inhumados" de manera individualizada y con su respectiva ficha identificativa por si alguien los reclama, añadió.
"Al ver el estado en que llegan las personas que atendemos en la Cruz Roja, confirmamos que cruzar el Darién es jugarse la vida", añadió a la AFP, la directora regional de la federación Internacional de la Cruz Roja para América, Martha Keays.
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