Panamá está frente a una decisión histórica en materia educativa y no hay margen para improvisar. Así lo plantea Miguel Ángel Cañizales, exministro de Educación, quien asegura que el primer paso es aclarar conceptos que hoy se confunden: reforma educativa, transformación curricular y Ley Orgánica de Educación no son lo mismo, pero deben caminar juntos.
El exministro recuerda que la actual ley tiene casi 80 años, fue creada para “otro Panamá” y no responde a los desafíos actuales: brecha digital, rezago educativo, deserción escolar, uso de tecnología ni inteligencia artificial. “Hoy hablamos de educación 5.0, pero la ley no lo contempla”, señala.
Deserción escolar: el problema que la reforma debe enfrentar
Uno de los puntos más críticos es la deserción escolar, que según Cañizales no solo está ligada a la pobreza, sino también a la falta de normas claras y seguimiento. Destaca que países como Bélgica, Finlandia, Francia o Chile han elevado la escolaridad obligatoria hasta los 18 años, e incluso aplican sanciones a padres que, pudiendo, no envían a sus hijos a la escuela.
En ese contexto, propone que Panamá eleve la escolaridad mínima a 12 años, en lugar de 9, y aproveche los recursos del país para garantizar infraestructura y calidad educativa. “No deberíamos tener excusas”, afirma.
Cañizalez también pone el foco en el currículo actual, al que califica como aislado y memorístico. A su juicio, el país necesita un modelo integrado por competencias, con aprendizajes prácticos, colaborativos y evaluaciones más justas. “No podemos seguir enseñando solo a memorizar. Eso no prepara para el mundo real”, sentencia.
Sobre el año escolar, reconoce que aunque se habla de 190 días de clases, en la práctica apenas se cumplen unos 130. “Lo que no se hizo en seis meses no se puede arreglar en tres semanas”, dice, insistiendo en que el sistema necesita orden, planificación y cumplimiento real.
La educación no es solo del Meduca, es de todos
Para el exministro, esta reforma no puede ser solo del Meduca. Debe involucrar a docentes, directores, gremios, empresa privada y sociedad civil, ya que es el sector productivo el que valida el currículo cuando contrata a los egresados. “La educación no es del Ministerio, es de todos”, recalca.
Finalmente, Cañizalez lanza un mensaje directo: este es el momento de la verdad. No actuar ahora sería condenar a la juventud panameña. “Hay profesionales, hay ideas y hay voluntad. Lo que no podemos seguir diciendo es que no se puede”.




