El terremoto de magnitud 7,7 que sacudió Panamá el pasado 9 de octubre dejó graves daños en iglesias históricas de la península de Azuero, donde comunidades enteras enfrentan las consecuencias del sismo sin renunciar a sus tradiciones religiosas.
Pese a los daños, los feligreses mantienen la esperanza y buscan formas de continuar con sus celebraciones religiosas, mientras las autoridades evalúan las afectaciones estructurales y patrimoniales.
Terremoto en Panamá deja daños en iglesias históricas de Azuero
La península de Azuero, una de las regiones más golpeadas por el movimiento telúrico, alberga poblados vinculados principalmente a la agricultura y la ganadería, así como templos de arquitectura colonial española y un importante valor cultural.
La Arquidiócesis de Panamá reportó daños en 13 templos, mientras que el Ministerio de Cultura evalúa las afectaciones al patrimonio histórico, incluidas iglesias centenarias como la de Llano de Piedra y la de la Villa de los Santos, cuyos orígenes se remontan al siglo XVI.
El padre Álvaro Sáez, encargado de la zona, explicó que la capilla Santa Rosa de Lima representa mucho más que una estructura para los habitantes de Llano de Piedra.
La Colorada: el terremoto destruyó la imagen del santo patrono
Los daños también alcanzaron la capilla de San Sebastián, en la comunidad de La Colorada, donde el fuerte sismo afectó cerca del 80 % de las viviendas y las instalaciones del gobierno local, según el relato recogido por EFE.
Furbia Pérez, presidenta del comité católico de la comunidad, abrió las puertas del templo para mostrar los estragos: la imagen del santo patrono quedó decapitada, los escombros dificultan el paso y partes del cielorraso permanecen colgando.
A pesar de la destrucción, los instrumentos litúrgicos permanecen sobre la mesa central y la casulla verde continúa intacta en la sacristía.
Sacerdotes trasladan las misas a parques, casas y campos
Ante los daños en los templos, los sacerdotes de Azuero han improvisado espacios para celebrar misas y acompañar a las familias afectadas por el terremoto.
El padre Sáez describió esta nueva realidad como una “iglesia ambulante”, en la que los religiosos trasladan sus instrumentos litúrgicos de casa en casa, de parque en parque o de campo en campo para mantener las celebraciones.
El sacerdote había regresado a Panamá hacía apenas 15 días, después de completar sus estudios en Roma, cuando le correspondió acompañar espiritualmente a las comunidades que perdieron sus viviendas y enfrentan la incertidumbre tras el sismo.
De acuerdo con el reporte oficial citado por EFE, el terremoto dejó 2.164 familias afectadas, incluidas 506 que registraron la pérdida total de sus hogares. También se reportaron menos de una treintena de heridos y alrededor de 2.000 edificaciones dañadas.
En varias comunidades, los damnificados han tenido que dormir en tiendas de campaña instaladas en parques y recurrir a ollas comunales para alimentarse.
“No son paredes, es comunidad viva”: la fe tras el sismo
Para el padre Sáez, los daños en las iglesias también han llevado a los feligreses a reflexionar sobre el significado de la fe y el sentido de comunidad.
El sacerdote explicó que, aunque los templos han servido durante años como espacios de reunión y refugio espiritual, las celebraciones pueden continuar en otros lugares mientras se atienden las afectaciones.
En medio de las ruinas, el religioso resumió el sentimiento de las comunidades afectadas: “No son paredes, es comunidad viva. Ahora celebramos la fe en los campos, portales, las casas”.
Así, mientras las autoridades evalúan los daños en las iglesias históricas de Azuero, los habitantes buscan reconstruir sus hogares y preservar sus tradiciones, con la esperanza de recuperar los espacios que durante generaciones han