No fue fácil digerir el retraso de cinco horas en el inicio de la segunda legislatura de la Asamblea Nacional de diputados de la república de Panamá y ni hablar de la expectativa por el discurso del Estado de los temas nacionales y económicos más relevantes encabezado por el presidente José Raúl Mulino.
Para los recientemente economistas galardonados con el premio Nóbel de economía, Robinson y Acemoglou, hay una conexión inherente entre las instituciones políticas, su fortaleza o debilidad y el rendimiento económico de un país. Y no podemos estar más de acuerdo pero la pregunta que resta por hacer es: ¿Por qué es tan relevante evaluar lo político en lo económico? ¿Por qué importa la separación de poderes entre el ejecutivo, legislativo y el judicial? Razones de peso sobran y procedemos compartirlas desde nuestra perspectiva:
Sin una verdadera separación de poderes se da rienda suelta a la corrupción y al manejo arbitrario de fondos irrespetando los controles y los balances. Un poder concentrado puede utilizar los fondos del Estado de manera discrecional, favoreciendo intereses particulares en lugar del bien común. Esto se traduce en proyectos mal planificados, sobrecostos y malversación.
La política estatal en la economía
Pero tanto peor aún, la concentración de poder político puede facilitar la creación de monopolios o la protección de oligopolios, lo que distorsiona el mercado, frena la competencia y la innovación, y perjudica a los consumidores inevitablemente. Y puede que no se vea a través el tamiz de una posible fuga de capitales, pero la concentración de poderes puede llevar a severas inseguridades jurídicas que llevaría a que las eyes pueden ser cambiadas caprichosamente beneficiando a ciertos grupos, allegados políticos, o supuestos amigos y en el camino se desincentiva la inversión a largo plazo.
En un país altamente endeudado como lo es Panamá, el refinanciamiento es muy importante. Esa capacidad de obtener acceso a capitales frescos va da la mano del temor o certeza que los estamentos financieros internacionales puedan sentir con respecto a la posibilidad de incumplimiento o impago de obligaciones.
Exponernos a la influencia de algún poder del Estado en otro apunta hacia la ausencia de contrapesos y eso inevitablemente genera desconfianza en las instituciones y en el sistema en general. Las empresas y los ciudadanos perciben un alto riesgo al invertir o emprender, lo que frena la actividad económica. Y ese freno aparatoso que venimos viviendo hace ya varios años lleva a una desmejora de la calidad de vida de todos
Por eso debemos aprender de las lecciones en lo económico del 1 de julio de 2025 y bajo ninguna circunstancia normalizar las tácticas del pasado para controlar los poderes porque estas acciones sólo perpetúan la desigualdad económica que tanto nos agobia.