El papa León XIV pidió perdón públicamente por el retraso de la Iglesia católica en condenar la esclavitud, al considerar este hecho como “una herida en la memoria cristiana”. Sus declaraciones aparecen en Magnifica Humanitas (Magnífica humanidad), la primera encíclica de su pontificado, publicada este lunes y enfocada principalmente en los desafíos de la inteligencia artificial (IA).
León XIV reconoce responsabilidad histórica de la Iglesia
En la encíclica, León XIV reconoció que la Iglesia fue propietaria de esclavos hasta la Edad Media y que incluso asesoró a soberanos europeos sobre cómo justificar la esclavitud de personas consideradas “infieles”.
El papa señaló que la condena oficial, universal y absoluta de la esclavitud no llegó hasta el siglo XIX, lo que calificó como un retraso histórico tanto de la Iglesia como de la sociedad.
La esclavitud, “una herida en la memoria cristiana”
Aunque el papa indicó que los hechos históricos deben analizarse dentro de su contexto, también advirtió que no se puede minimizar el impacto de la esclavitud ni la tardanza en condenarla.
Sin embargo, añadió que “no podemos negar ni minimizar el retraso con el que la Iglesia y la sociedad condenaron el flagelo de la esclavitud”.
El pontífice remarcó además que este episodio representa “una herida en la memoria cristiana a la que no podemos considerarnos ajenos”.
Juan Pablo II y Francisco ya habían condenado la esclavitud
Las declaraciones de León XIV profundizan posiciones asumidas anteriormente por otros pontífices.
Juan Pablo II denunció en 1992 la participación de cristianos en el comercio de esclavos y, posteriormente, en el año 2000, realizó una amplia petición de perdón por diversas injusticias históricas cometidas por miembros de la Iglesia.
Por su parte, Francisco condenó en reiteradas ocasiones las formas contemporáneas de esclavitud, especialmente la trata de personas y la explotación laboral.
Inteligencia artificial y ética, ejes de la primera encíclica
La encíclica Magnifica Humanitas también dedica gran parte de su contenido al impacto de la inteligencia artificial en la humanidad, convirtiéndose en uno de los primeros grandes pronunciamientos del Vaticano sobre esta tecnología emergente.
El documento plantea reflexiones éticas sobre el uso de la IA y la necesidad de proteger la dignidad humana frente a los avances tecnológicos.