Salir de la pobreza no necesariamente significa alcanzar una situación de estabilidad económica. Esa es una de las principales conclusiones que deja la experiencia de los microempresarios atendidos por Microserfin, presentada durante el encuentro denominado “Construyendo resiliencia para el futuro”.
La situación está relacionada, entre otros factores, con la inestabilidad de los ingresos. El informe señala que 35% de los emprendedores reportaba ingresos inestables, mientras que 24% de quienes iniciaron su relación con Microserfin sin estar en situación de pobreza presentaba trayectorias económicas volátiles.
Estos resultados ponen el foco en un nuevo desafío para la inclusión financiera y el desarrollo social: no solo ayudar a las personas a superar la pobreza, sino fortalecer sus capacidades para enfrentar situaciones que puedan hacerlas retroceder.
Una pobreza que también será digital y climática
Durante el encuentro, la Fundación Microfinanzas BBVA (FMBBVA) presentó el informe La pobreza del futuro, que analiza cómo están cambiando los factores que determinan la vulnerabilidad de los hogares.
Giovanni Di Placido, director de Research y Estrategia de la FMBBVA, explicó que fenómenos como el cambio climático, la transformación digital, la informalidad, la movilidad laboral, el envejecimiento de la población y la volatilidad económica pueden modificar las trayectorias de los hogares y aumentar su exposición a nuevos riesgos.
“La pobreza del futuro también será digital y climática”, afirmó Di Placido, al advertir que las personas que no tengan acceso a la tecnología, la inteligencia artificial y las capacidades necesarias para utilizarlas podrían enfrentar nuevas barreras para progresar.
El análisis también destaca una mayor exposición de las mujeres y de los hogares en situación de vulnerabilidad, lo que plantea la necesidad de fortalecer las herramientas que permitan a estas poblaciones responder ante cambios económicos, tecnológicos y ambientales.
Las brechas también son territoriales
Los riesgos no afectan de la misma manera a todos los territorios. Los datos presentados durante el encuentro muestran importantes diferencias en materia de pobreza multidimensional.
Mientras el indicador alcanzaba 12,4% a nivel nacional, en Guna Yala llegaba al 47,1% y en Teribe alcanzaba el 84,3%.
La brecha también se refleja en el acceso a internet, un factor cada vez más relacionado con las oportunidades económicas y educativas. Según los datos citados en el informe, la conectividad alcanzaba el 85% en Panamá, frente al 70% en Darién.
Estas diferencias muestran que la capacidad de los hogares para adaptarse a los nuevos desafíos depende también de las condiciones del territorio en el que viven y de su acceso a servicios, infraestructura y herramientas digitales.
De salir de la pobreza a sostener el progreso
La evidencia presentada por Microserfin y la FMBBVA apunta a un cambio en la forma de medir el progreso económico. Superar la línea de pobreza constituye un avance, pero no necesariamente significa que una familia haya dejado atrás los riesgos que podrían devolverla a una situación de precariedad.
La construcción de resiliencia aparece así como un componente adicional de las estrategias contra la pobreza. Esto implica fortalecer el acceso a financiamiento, desarrollar capacidades empresariales y digitales y preparar a los hogares para enfrentar shocks económicos, climáticos y sociales.
El desafío, según los planteamientos presentados durante el encuentro, será lograr que los avances económicos sean sostenibles en el tiempo y que las personas que consiguen mejorar sus condiciones de vida tengan mayores herramientas para proteger ese progreso frente a los cambios del futuro.